La historia de la iluminación doméstica es como un cambio de mentalidad en miniatura: pasamos de encender bombillos que parecían calentar más que alumbrar, a luces frías, elegantes y silenciosamente poderosas. Y en ese cambio hay algo más que tecnología: hay ahorro, hay inteligencia… y hay futuro.
Si todavía usas focos incandescentes, probablemente no sea por terquedad, sino por costumbre. Pero cuando veas la diferencia —en lempiras, en duración y en sentido común—, te preguntarás por qué no cambiaste antes.
