En Centroamérica, encender la luz no siempre es un acto inocente. En Honduras, El Salvador o Costa Rica, prender el interruptor puede sentirse como abrir el grifo de una cuenta bancaria que gotea sin pausa. Porque aquí, donde el sol brilla con generosidad pero la factura eléctrica lo cobra con intereses, hablar de eficiencia energética no es una moda: es una defensa personal.
Y en esta batalla silenciosa contra el derroche, los LED han llegado como pequeños héroes lumínicos, armados con ciencia, resistencia… y algo de humildad tecnológica.